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Después de que Parrot, una compañía francesa conocida por sus soluciones en audio inalámbrico y manos libres para el coche, sorprendiese en 2010 a propios y extraños con el primer AR Drone cuando en el CES de Las Vegas de este año pudimos ver su evolución, las expectativas se pusieron por las nubes. Y ahora, después de las pruebas de rigor, por fin tenemos aquí el análisis de uno de los juguetes geek más preciados: el Parrot AR Drone 2.0.

Parrot AR Drone 2.0

Desde el momento en el que lo sacamos de la caja, nos damos cuenta de que el Parrot AR Drone es un producto pensado para ser tratado con cuidado, con mucho cuidado. Cualquier persona que esté familiarizada con el aeromodelismo sabrá que es lo normal y probablemente esté acostumbrada, pero para aquellos que compren el helicóptero sin experiencia alguna en este campo probablemente deban ser advertidos de que el Parrot es un juguete, sí, pero un juguete delicado.

En la caja incluye un cargador, una batería y dos carcasas, una para interiores que protege las hélices y otra para exteriores más abierta y que teóricamente permite que el Drone alcance más velocidad. Si le quitamos la carcasa veremos en el interior un simple hueco para introducir la batería y asegurarla con una cincha y un puerto USB para almacenar ahí las fotos y vídeos que tomemos.

  • Cámara: Delantera con grabación a 720p 30fps HD. Inferior VGA.
  • Procesador: 1 GHz 32-bit ARM Cortex A8
  • Peso: 380 gramos con la carcasa de exterior; 420 con la de interior.
  • Motores: 4 a 14,5 vatios, 28,500 RPM.
  • Batería: 1000 mAh recargable.
  • Precio: $300 | 300€

Controles

Pero sin duda uno de los grandes atractivos del dispositivo es que podemos controlarlo con nuestro smartphone, desde sendas aplicaciones disponibles en el App Store y en Google Play. Mediante ellas podemos ver cualquiera de las dos cámaras que incorpora el helicóptero, ya sea la frontal que ahora permite grabación en vídeo a 720p y al mismo tiempo grabar los movimientos del dispositivo en la memoria del teléfono, ya sean fotos o vídeo.

Pero como más de algún avispado habrá notado, la calidad de la transmisión de vídeo entre nuestro dispositivo y el Parrot no siempre tiene por qué ser óptima, especialmente en exteriores, así que la calidad por tanto del vídeo tampoco debería ser una maravilla. Si queremos asegurarnos de guardar el vídeo en bruto de la cámara podemos enchufar un USB formateado en FAT32 en el puerto que mencionábamos antes y mientras volamos podremos guardar hasta una hora de vídeo dependiendo del tamaño de la memoria USB (Aparentemente, 8GB es el máximo).

La aplicación tanto para iPhone, para iPad como para Android resulta fácil de utilizar y despúes de dos minutos de vuelo le habremos pillado el truco. Se agradecería que el diseño de la misma no fuese tan inconsistente y que estuviese actalizada del todo para soportar la pantalla Retina en el caso del iPhone pero en general las opciones son muy completas y podemos tener control total del helicóptero desde la palma de la mano.

¿Cómo se conecta el Parrot AR Drone al iPhone, iPad o teléfono Android? Es muy simple, este crea una red WiFi a la que deberemos conectarnos para posteriormente abrir la aplicación, cargar el módulo de controles y empezar a volar.

El modo por defecto para controlar el AR Drone 2.0 es haciendo uso de los acelerómetros que incorpora el smartphone, es decir, inclinamos nuestro teléfono hacia delante y el helicóptero hará lo mismo, lo inclinamos a un lado y girareremos. En la práctica, a mí este modo me ha parecido el más incómodo de todos, afortunadamente también podemos controlarlo mediante dos crucetas que controlan el movimiento en el lado izquierdo y la orientación y la altura en el lado derecho.

Puede que sea un poco más complicado manejarlo así, no lo dudo, pero la fiabilidad y la precisión son tan altas que merece la pena. Podemos activar también un modo de control absoluto que nos va a permitir que no importe hacia donde esté orientado el Drone con respecto a nuestra posición, simplemente con mover el stick virtual hacia delante se moverá en esa dirección (de la otra manera tenemos que tener en cuenta la orientación del mismo, que viene determinada por dos LEDs rojos en la parte posterior).

Resistencia y durabilidad

Es para mí la gran pega del AR Drone, sus resistencia y los materiales con los que está construidos. Es algo que como comentábamos al principio de la reseña suele ser la tónica general en el aeromodelismo, donde lo que prima es la ligereza de los materiales por encima de su resistencia.

Para un dispositivo que cuesta tantísimo dinero, es una parte que nos habría gustado ver mejorada, sobre todo porque Parrot vende respuestos para (casi) todas las piezas, sí, pero cuestan entre 20 y 50 dólares las más baratas. Es un producto premium con una serie de servicios premium a su alrededor, pero para el usuario casual o no demasiado hábil puede suponer un contratiempo importante.

El AR Drone tiene como contratiempo principal y a falta de que pasemos a analizar la duración de la batería que es extremadamente sencillo romperlo, incluso en terrenos abiertos o sin muchos obstáculos. Basta un golpe o una caída desafortunada para tener que ir a repararlo. Después de darle unos cuantos baqueteos empezaremos a notar también como el rendimiento, velocidad y estabilidad de los motores empieza a resentirse hasta el punto de que en nuestra unidad de prueba, que había pasado por otras personas antes, le costaba mucho esfuerzo elevarse más allá de los dos metros de altura.

Batería

De nuevo lo que podríamos considerar un estándar en el aeromodelismo pero que a muchos les sorprenderá: la batería del AR Drone dura sólo 12 minutos, y eso en el mejor de los casos. En la práctica, si por ejemplo intentamos hacer despegar el helicóptero con un 20% de batería, al aplicación nos dirá que es imposible por falta de carga en la misma.

Así que si por ejemplo queremos ir a pasar un buen día al campo o al parque y disfrutar del Drone un buen rato tendremos que comprar como mínimo dos o tres baterías más, a un precio de 30 dólares la unidad. Cada batería tarda un tiempo aproximado en cargarse de hora y media.

Realidad aumentada

No podemos acabar de reseñar el AR Drone 2.0 sin mencionar las posibilidades de realidad aumentada del dispositivo. Parrot tuvo el gran acierto de abrir la API del dispositivo a otros desarrolladores de modo que tanto en la App Store como Google Play podemos encontrar aplicaciones que nos permiten, por ejemplo, mantener peleas virtuales con disparos láser al más puro estilo Star Wars entre dos Drones o esquivar y sortear una serie de obstáculos que veremos a través de la cámara.

Las horas de diversión con el Drone no se acaban únicamente aprendiendo a controlar el dispositivo y llevándolo a todos lados sino que todo ese ecosistema de terceros ayuda bastante y se agradece.

Conclusión

7/10

El Parrot AR Drone 2.0 es un juguete, un juguete caro. Si sois aficionados al aeromodelismo y estáis acostumbrados a las reparaciones, el cuidado exquisito de los materiales, el cambio frecuente de baterías y al mismo tiempo os interesan las posibilidades de control remoto desde un smartphone puede que entonces os interese el AR Drone 2.0.

Si por el contrario estás buscando un juguete extra o vienes picado por una sana curiosidad geek (porque hay que reconocer que es una delicia para cualquiera) yo me pensaría muy seriamente si merece la pena gastarse esos 300 dólares (o euros) que cuesta. Sobre todo porque no serán los últimos que gastes, hélices, engranajes, ejes y carcasas probablemente sean los materiales más comunes que tengas que reparar al cabo del tiempo.

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